Que nos manipulen desde un lado más humano Reportaje a Gonzalo Márquez Cristo
Por Marcos Fabián Herrera
“¡Que el grito siempre pueda detener la herida¡”, nos dice Gonzalo Márquez cristo en uno de sus poemas. Un grito, que intenta restañar las profundas heridas espirituales de un país, en el que declararle la devoción al arte y la poesía constituye un acto suicida, es Común Presencia. Esta revista con veinte números publicados, que se enfiló también en el gratificante ejército de los libros y se constituyo en la prestigiosa editorial Los Conjurados, tiene a la cabecera a un infatigable poeta. Gracias a sus entrevistas hemos conocido las iluminadas reflexiones de grandes creadores de nuestro tiempo. Con cinco libros publicados; tres poemarios (Apocalipsis de la rosa, La palabra liberada, Oscuro nacimiento), una novela (Ritual de títeres), y un libro de cuentos (El Tempestario); este bogotano nacido en 1963, sigue apostándole a la palabra.
¿Cómo persistir en una labor tan quijotesca, como lo es editar libros de poesía y de literatura en Colombia?
El poeta francés René Char decía que “cuando la muerte es más violenta la vida está mejor definida”, y si ese axioma es cierto pensamos que debería ser corroborado primero en países como Colombia o Palestina, ya veremos... Para contestar a su pregunta evoco que hace tres años editorial Norma sacó de circulación su colección de poesía, algo gravísimo si creemos que la poesía es la mayor expresión del hombre, la palabra en el límite.
Si suponemos que un arte es esencial cuando tiene la posibilidad del retorno, es decir cuando es poético: cuando nos da la opción de su relectura. Creímos que ese vacío terrible generado por una editorial emblemática debía ser llenado por nuestro esfuerzo desinteresado. Así a la sombra de la revista Común Presencia, que ya completa el número 20, y en donde hemos entrevistado a 35 escritores y pintores importantes de nuestro tiempo, entre los que sobresalen: E.M. Cioran, Octavio Paz, José Saramago, Vargas Llosa, Juan Goytisolo, Carlos Fuentes, Juan García Ponce y Roberto Matta; decidimos fundar una colección de literatura, para privilegiar el género de poesía y el de cuento; olvidados por la generalizada usura editorial. Creamos entonces la colección Los Conjurados (en homenaje a Borges) y tuvimos el milagro de que la Academia Sueca, gracias a la intervención de uno de los poetas vivos más importantes del mundo como lo es el poeta Adonis, nacido en Siria y con nacionalidad libanesa, nos concediera la autorización para publicar los discursos de los autores galardonados con el Premio Nobel de Literatura. Hemos publicado tres tomos y en cada uno hay once discursos.
También generamos la colección Los Conjurados de Poesía, con más de treinta títulos publicados y con nombres como Roberto Juarroz de Argentina, George Trakl, el expresionista alemán; Arthur Rimbaud el vidente; el italiano prodigioso Giuseppe Ungaretti, Claude Michel Cluny, y otros poetas como Alfredo Chacón de Venezuela, Rodolfo Alonso de Argentina. Es importante aclarar que la colección circula en cinco países, aunque con enormes dificultades. Sin embargo insistimos en ser un mapa poético que reúna todas estas voces disgregadas, porque nos sumamos a la fuerza expresiva de Adonis cuando nos dijo que “el porvenir será poético o nunca lo será”.
A propósito de poetas, el prólogo de su libro “La palabra liberada” lo escribió el venezolano Eugenio Montejo, cuya obra me seduce mucho. ¿Cómo es la relación con Eugenio?
A él lo entrevisté dos veces en Caracas y una en Bogotá. Eugenio Montejo es un poeta extraño, viajero, diplomático, metafísico y reflexivo. La última vez que lo entreviste me legó una sentencia sobre la muerte que me parece perturbadora, que es un tema del cual es imposible escapar. Él me decía que la muerte siempre está a la misma distancia y no por ser anciano se está más cerca de ella. La muerte es el objetivo de la poesía y si le creemos a Sócrates, la filosofía debe ser un ejercicio preparatorio para la muerte. La muerte, esa forma del futuro tan inobjetable, ese tiempo inmóvil, ha fundado el exorcismo del arte, y es nuestro deber creer que podemos vencerla, al menos en la fugacidad de la conjunción estética o de la especulación filosófica. La muerte no penetra en la poesía, tan solo porque el verdadero poeta ha decidido hablar desde el silencio, desde su propia y temeraria lengua.
¿Qué opinión le merece la poesía que se está escribiendo actualmente en Colombia?
Hay una vertiente que no tiene mucha importancia: esa que ha caído en un facilismo coloquial. Los poetas han tendido a ser muy narrativos y muy conversacionales, embrujados por el resplandor de la superficie. Pero hay otra tentativa que me parece más esencial, que trabaja con las imágenes y con su fulgor cautivo, que tiene más referencias expresionistas y surrealistas. La primera creo que va a sucumbir por ser tan ligera. La poesía debe retroceder a su origen, ser reflexión, provocar las nupcias con la filosofía para que sea lo que todos estamos esperando: brújula interior, nuevo estremecimiento.
Recientemente en la literatura colombiana se habla de una nueva generación de escritores, que la integran nombres como Efraim Medina, Mario Mendoza, Jorge Franco, Santiago Gamboa y otros. ¿La considera narrativa imperecedera?
Hay un boom, por supuesto comercial. Es una narrativa con rasgos y temas amarillistas; se trata de un neorrealismo predecible, de una crisis de la imaginación, de la apología de aquello que era territorio inviolable del cine norteamericano por su misma ligereza exterior. Algunas de las nuevas novelas han decidido rendirle tributo a la imagen, en el sentido cinematográfico, esa mercenaria que hoy por hoy nos hastía en la televisión, y que parece ya incapaz de toda profundidad. En algunos de los autores hay una intención de homosexualizar y de sicarizar la literatura, hay un intento de provocación banal. Esta es la oportunidad de proclamar que deseamos una novela hecha con palabras verdaderas, las que indagan y hacen soñar. Qué finalice de una vez y para siempre el exilio de la palabra impuesto por esta sociedad tan mediocre como rapaz. Pero lejos de aquello, este nuevo clan de novelistas plantea el divertimento, que vendría a ser similar a la pintura ornamental, aunque esta vez utilice nuestra miseria y desolación para construir sus réditos. Toda comunicación ha sido excluida cuando privilegiamos los clichés comerciales. No sé hasta qué punto puedan ser estos novelistas tan importantes para nuestra literatura como la generación de Germán Espinosa y R.H. Moreno-Durán, que me parecen voces más consolidadas.
Un elemento común en muchos escritores, es el desdén hacia el periodismo por considerarlo liviano y vacuo. Pero usted fusiona el periodismo con la literatura. ¿Cuál debe ser el periodismo ideal para un país tan conflictivo?
Yo prefiero un buen periodista y no un mal novelista. Prefiero un artículo de Talese que un texto de un escritor que esté de moda. Hay novelas publicadas por editoriales muy importantes –muchas españolas- que pueden llevar una fecha de vencimiento, una orden mercantil de caducidad. Creo y amo el periodismo muy bien escrito, y añoro un periodismo denso que no se lucre de la miseria y que no utilice el efecto alkaseltzer, del que habla Enzenberger. Un periodismo que sea capaz de construir una nueva verdad!
Cree que los intelectuales colombianos han hecho lo del avestruz. ¿Intelectuales autistas que se limitan a crear y no opinan ni toman parte en debates públicos?
Yo pienso que los que tienen la posibilidad de escribir en grandes medios han hecho la estratagema del avestruz y eso ha sido muy grave. Necesitamos la opinión de García Márquez, de Mutis, sobre esta situación tan terrible que ha desencadenado tantos ríos de sangre en este país. Sería una estrategia moral para detener eso. Pero en cambio tenemos a Fernando Vallejo que prefirió donarle el premio Rómulo Gallegos a una sociedad protectora de perros cuando el país está sumido en la miseria… El final del siglo XX y el comienzo de este nuevo milenio, nos ha demostrado que la literatura se ha despolitizado tanto que llegará el día en que pagaremos este error. Los escritores deben ofrecer una orientación ética al mundo, deben ejercer una denuncia categórica de la iniquidad, de la ceguera planetaria, del derrumbe de los valores previsto por Nietzsche, de esta nueva caverna platónica que parece ser la Internet. Hay que crear una barricada espiritual contra todas las atrocidades que se originan desde los centros de poder, y entonces la palabra recién nacida del poema será la única herramienta capaz de liberarnos.
Goytisolo en la entrevista que le concedió para la revista Común Presencia afirma algo similar, a la hora de cuestionar el papel de los intelectuales contemporáneos...
Goytisolo es otra de esas bitácoras de la moral en el mundo, él ha permanecido desde la Guerra Civil Española, hasta nuestros días, indagando y preocupándose por humanizar la existencia. La pregunta sería: ¿cuándo va a llegar el hombre a la Tierra? Llevamos miles de años esperándolo. Es trágico que los grandes creadores no opinen y tomen posiciones beligerantes en estos tiempos de centralismo ideológico. Pues aunque el capitalismo se tambalea la neobarbarie se extiende sin encontrar diques. Los sueños del pasado se ha derrumbado: el amor, la fraternidad, la libertad, pertenecen al reino del panfleto o de la cursilería. ¿Qué hemos hecho para impedir que el 70 % del mundo viva en la miseria? Nada. Es asombroso que la ilusión sea la que rija los destinos de la sociedad más pragmática que se haya construido. Es hora de que nos manipulen desde un lado mucho más humano.
(Entrevista concedida para un programa radial, Neiva, octubre de 2004)
Para colonizar el instante
Diálogo con Gonzalo Márquez Cristo
Bogotá, febrero de 2005
Por Javier Osuna
El diálogo no es otra cosa que la plática de dos nombres
1- Los 16 años de “Común presencia” han dejado un importante legado en nuestro país. Su revista es pionera en muchas búsquedas estéticas y ha contemplado el desarrollo artístico de la última década. ¿Cuál es la importancia de espacios cómo “Fahrenheit 451”?
La necesidad de las revistas literarias y de los espacios culturales alternativos es cada vez más urgente, si tenemos en cuenta que los periódicos y los medios de comunicación han instituido una visión de cíclope, restringida y mutiladora, que excluye la riqueza de lo prismático y todas las tentativas de pensamiento liberador. Es importante recordar que alrededor de revistas literarias como Orígenes en Cuba, Sur en Argentina, Las Moradas en Perú, Mito en Colombia y Letras de México, nuestras literaturas lograron un fulgor y un reconocimiento esencial, y que en sus respectivas latitudes y tiempos aunaron a unos seres febriles, que harían respetar sus sueños y conformarían el magma verbal de nuestra contemporaneidad. Sólo espacios propiciatorios como las publicaciones desinteresadas podrán impedir que triunfen las hordas que procuran la extinción del libro y la condena de todos los laberintos sensibles. Sólo una secta de muchos ojos y una escritura de alta temperatura (la cual deseo para Fahrenheit 451) podrá combatir a esos terribles bomberos que en la citada novela de Bradbury incineran los libros y nuestras fantasías, y son cada vez más abundantes en estos tiempos hostiles.
2- ¿El arte ha fracasado?, la pérdida de la doctrina de la sensibilidad reina en la actualidad, el dinero promueve iniciativas concretas en contra del arte a través de grandes conglomerados económicos. ¿Se asiste a la extinción de algunas formas artísticas?
“He hablado muchas veces de la inutilidad del arte pero nunca del consuelo que procura” dice Lawrence Durrell y quizá esto responda un poco la pregunta. Todas las derrotas del hombre son triunfos del arte. Sólo esta opción humana trabaja con alguna eficacia sobre el dolor, la muerte, el derrumbamiento y las cenizas. El arte es el ámbito vivible, habitable, de los derrotados, de los perseguidos... Es una de las pocas venganzas que podemos ejercer los desposeídos contra una realidad funesta. En cuanto a la segunda parte de la pregunta creo que existen monopolios que promueven la usura de las manifestaciones culturales exigiendo y promoviendo obras ligeras, realizadas con una estricta y vana fórmula comercial, que parecieran tener fecha de vencimiento, porque al cabo de un año ya nadie recuerda a sus autores. En cuanto a la extinción de algunos géneros, advierto que la novela lleva más de cinco décadas agonizando, a tal punto que Geroge Steiner decía que no podía hablar sobre la profecía del fin de la novela pues esté género ya había desparecido, y quizá tenga razón pues sólo a los cadáveres los puede tratar de esa manera implacable el comercio. La poesía en cambio –para nuestra suerte- es inutilizable todavía. Por lo demás, en el territorio de la plástica, es evidente que ya han especulado demasiado con el arte abstracto que parece completamente saqueado y es notorio que la dramaturgia pasa por un momento crítico por la imposición que opera sobre ella de formas audiovisuales tantas veces inofensivas. La civilización se ha convertido en una fábrica de imágenes triviales y fugaces. Creo que hemos dejado muy sola a la palabra.
3- En “Fahrenheit 451” Bradbury denuncia el vacío intelectual al que podría someterse el hombre en un futuro cada vez más próximo. ¿Son los medios de comunicación responsables de este caos aparente o existen libros que merecen ser quemados?
Todas las manifestaciones del poder intentarán reducir zonas del pensamiento. Los marxistas hablaban de “alienación” y en la última década se ha teorizado sobre el “analfabetismo secundario”, pues aunque las personas sepan leer están expuestas a que su mente sea dirigida por un poder totalizante y a veces invisible. Los medios de comunicación han demostrado ser eficaces en su papel de titiriteros de nuestra imaginación. Por eso es oportuno iniciar una resistencia en todos los escenarios de lo imaginario. Nunca podemos creer en las afirmaciones de los que reinan, como nos advirtió Andersen en El traje nuevo del emperador, debemos estar preparados para denunciar que el emperador camina desnudo.
4- La especulación comercial de arte no cesa, con frecuencia hablamos de manifestaciones “ornamentales”, en un mundo donde se escribe para vender y se lee para comprar. Pareciera que el arte colombiano se limitara tan sólo a lo burdo, macabro y escandaloso. ¿Debe vivirse el arte, o su función poética debe pretender una trascendencia hipotética?
La creación debe provenir –como lo imaginó el Romanticismo– de la existencia, para que sea verdadera. Todo lo que es impostado, o aquellas obras que obedecen a un esquema impuesto por el comercio se desvanecen rápidamente. A veces los pintores pintan caballos o bodegones para satisfacer algunas necesidades de la decoración, lo cual es tan peligroso como escribir novelas sobre temas truculentos que tienen un público inmediatista y cautivo, con el agregado de que es repugnante traficar con nuestras miserias.
5- La desaparición de las fronteras a causa de la globalización representa un riesgo para las culturas nacionales. ¿Qué papel juega el arte frente a todas estas formas de estandarización? ¿Se reviven las “Crónicas marcianas”? ¿Es el artista el último héroe de la contemporaneidad?
La globalización destruye nuestra memoria, aniquila nuestros orígenes. De los cinco mil (o más idiomas) que se hablan en la Tierra cada mes desaparece uno y se entroniza el omnipotente inglés, que para completar está siendo expandido más por el comercio que por la poesía. En la novela de Bradbury que menciona hay un personaje que ante la posibilidad de que los terrícolas destruyan a los marcianos –tal cómo ocurrió con la llegada de los europeos a América– decide cambiarse de bando, luchar por los más débiles. “La misma ley para el lobo y el cordero es opresión” había dicho Blake. Y Camus: “el artista no debe estar con quienes hacen la historia sino con quienes la padecen”. Dos legados importantes... Quiero solamente agregar que la desaparición de una lengua altera o elimina formas del pensamiento que podrían ser necesarias para encontrar un camino salvador. No es posible olvidar que todo lo que sabemos del pensamiento lo sabemos a través del lenguaje. Y en lo referente al artista –para ceñirme a la culminación de la pregunta–, sospecho que siempre debe ser un hereje, que avanza a contracorriente, dispuesto a criticar los aspectos de la existencia trivial u opresiva que le ha correspondido vivir.
6-Las generaciones pasadas gozaron de referentes claros y significados precisos, el hombre actual sabe un poco de todo. Se vive una crisis de valor irremediable y la misma especialización de la vida oculta toda posible salida.
La especialización es útil cuando el magma del conocimiento no se puede centrar, pero es nociva cuando el hombre pierde perspectiva sobre su horizonte. El hombre primitivo tenía una comunión con las plantas y las estrellas que ha desparecido, la desnudez perdida de la que habla René Char. No se puede llamar hombre civilizado a aquel que desconoce cuál es la constelación de Andrómeda y que ignora todo sobre las flores y los métodos primitivos de hacer el fuego.
7-El hombre no es propietario ni genera la comunicación, participa de su desarrollo constante mediante el habla, la escritura y el mismo silencio. La proliferación de la tecnología ha convertido dicho fenómeno en algo aún más articulado y resulta difícil escapar del pesado territorio del hombre, y se traspasa con facilidad la barrera íntima del ser. ¿En verdad necesitamos tanto de nosotros?
Hemos convertido a la comunicación en simple información, en datos. La comunicación sólo es posible dentro del universo de lo sagrado, en los rituales, en la poesía, en el amor... Por suerte el silencio –no impuesto– propicia una comunión con el mundo. El hombre es algo que debe ser superado, había dicho Nietzsche.
8- Es evidente el compromiso de su revista con el periodismo, especialmente con el género de entrevista. Algunos de los principales escritores contemporáneos han pasado por las páginas de “Común presencia”; ¿qué queda de Cioran, de Vargas Llosa, de Saramago?
En esa treintena de entrevistas a grandes creadores de nuestro tiempo que he realizado en su mayoría con la complicidad de la poeta Amparo Osorio (editora de la revista Común Presencia), además de la palabra resplandeciente de aquellas voces iluminadas, han quedado sensaciones de seres que se debaten contra una existencia que nunca deja de ser adversa. La conversación con E.M. Cioran dejó senderos habitables para los lectores y para nosotros el recuerdo de un hombre-niño relampagueante. Mi charla con Vargas Llosa dejó la sensación de haber estado con una máquina mental, de un frío aparato del pensamiento que se despedía con un brazo de hierro. El pintor chileno Roberto Matta fundó para nosotros en Roma un paisaje de rayos y lúdica. Juan García Ponce legó la imagen de un pájaro encerrado en una cárcel de piedra. Sábato su ironía sombría en una casa con olor a perro lanoso. Saramago una estela de humanismo y de luz...
9- ¿El hombre esencial está siendo borrado del mundo convencional? Cada vez menos crónicas y reportajes aparecen en las publicaciones nacionales. El auge del receptor desinteresado por lo específico potencia a los consumidores ávidos de ligereza política y columnas de opinión intrascendentes.
Los directores de los periódicos y los programas radiales o televisivos piensan que sólo nos interesa la farándula y el deporte, lo cual podría simplemente contradecirse si pensamos en las multitudes que mueve el Festival de Teatro de Bogotá o el de Poesía de Medellín. Definitivamente existe un intento de excluir a quienes necesitamos el placer del arte y de la verdadera comunicación, y si eso no obedece a negligencia o facilismo por parte de los dueños de la información, es porque es más fácil y rentable reducir el espacio de los sueños que puedan ser liberadores. Para seguir con las metáforas tomadas de la ciencia ficción, el soma que nos adormece, del que habla Aldous Huxley en Un mundo feliz, es administrado por los medios que esclavizan nuestra mente de manera consuetudinaria. Es hora de escapar!
10- ¿La literatura juega un papel fundamental en la concepción del tiempo? ¿Clarifica la realidad o la evade? Su discusión resulta fundamental para la poesía que en palabras de Sábato sólo puede hablar del tiempo y de lo irreparable.
Se ha dicho que la novela y el cuento rectifican el tiempo, lo hacen más intenso, le eliminan momentos congelados. También que la narrativa fluye en sentido horizontal y la poesía en vertical (Bachelard), lo cual esclarece un poco nuestra aproximación a esos estadios creativos. Sin embargo es fundamental meditar sobre el instante, sobre esa cúspide del tiempo que puede forjarse y extinguirse a sí misma, esa forma de la existencia que adiciona los tres tiempos y simultáneamente los disuelve. La poesía contemporánea se ha permitido colonizar el instante.
11- ¿Tiene la poesía un verdadero compromiso con la marginalidad? Su rastro permanece latente en los corazones de las minorías. Su expresión es irrefutable: “para que podamos callar han liberado al poeta” “El mayor problema de los tristes es todo el tiempo que nos sobra”
La poesía intenta un diálogo con la muerte y eso implica con frecuencia un ocultamiento. Asiduamente se ha comparado a la poesía con formas esotéricas y a veces se ha pretendido escribir bajo esa premisa: el caso más notable fue el de Mallarmé. Para centrarme en la pregunta pienso que el poeta indaga en el silencio, que conoce la palabra desde los abismos de las letras, que puede escuchar su primer latido, y volviendo a lo que habíamos postulado anteriormente, creo que el poeta es el encargado de proteger el misterio, de cultivar en la desgarradura.
12- Resulta notable el papel de la mujer en su obra, un Yo Ariadna, el vínculo natural de su presencia indispensable para la poesía, usted mismo lo plantea en su novela Ritual de títeres...
La mujer, la condición femenina, está revestida de unos signos fundacionales. En las religiones más ancestrales la mujer era la dadora de vida, la Diosa Blanca es un ejemplo de ello; de esta forma se podría decir que dios es mujer. Recuerdo que Michelet en su fundamental libro La bruja dice en alguno de sus apartes “el hombre caza y lucha, la mujer intriga y sueña...” dejándole a ella la responsabilidad de lo imaginario, lo cual es muy llamativo. Hemos visto en el último siglo cómo la mujer ha comenzado a sembrar en forma sistemática sus signos, sus palabras, sus imágenes, sus pensamientos; que parecieran ser cada vez más necesarios para la construcción de un mundo verdaderamente humano.
13- ¿Y la belleza?
La belleza se transmuta. El ideal que poseían los griegos no es el que nos dirige a nosotros –y mucho menos cuando está manejado por los dueños del maquillaje universal–. Es probable que si fuéramos como Fausto a conocer a Helena de Troya nos burlaríamos de su belleza. Los griegos pintaban y esculpían el ideal, los renacentistas se humanizaron, el arte del siglo XX abolió la figura, sin notar el riesgo de ese extremismo pictórico que expresa nuestra soledad. Sin embargo la belleza pretende un equilibrio –a veces secreto– como lo pensaban los antiguos, aunque hoy también sabemos que debe provocar una convulsión capaz de aumentar el espacio de nuestra mirada –como lo enunció Breton. La belleza aprendió el nombre de la herida.
14. La tergiversación de lo erótico a pornográfico... ¿Se desata el arte cuando nos igualamos a nuestros deseos?
El erotismo es siempre imaginativo, está cautivado por el lenguaje, por la lúdica, por lo sutil, por lo trascendente, por lo ceremonial... Lo pornográfico es obvio, reiterativo, y lleno de demasiados primeros planos. Es el exceso de la representación. Y el deseo –como diría Cernuda– es una pregunta cuya respuesta no existe, y claro, es el que origina los otros dos. El deseo es dador de vida, es semilla de existencia... Ahora recuerdo que Freud, en sus experiencias clínicas, proponía al deseo como el único remedio contra la angustia.
14- Cuán grande es la dimensión afectiva del hombre, la sensación resulta de un vacío necesario, de una “huella errante”: ¿y todo esto para poder amar? Aunque “el amor esté tan desprestigiado, que ni siquiera sea un buen pretexto fatal”
El amor es una posibilidad de lo sagrado, una de las pocas a las que todavía tenemos acceso. Este sentimiento se reinventa cada vez, obedece a su poder mitificador. Y aunque parezca extraño quizá sea importante creer en él en estos tiempos donde el misterio es exclusividad de la ciencia; disciplina que comienza a reconocer sus erráticos dogmatismos. Quizá el amor tenga un resurgimiento incandescente en el ocaso de la post-modernidad como lo tuvo durante el Romanticismo y el Surrealismo, cuando algunos poetas deificaron a la mujer y soñaron el amor-pasión en la Provenza medieval. Es raro evocarlo en esta centuria pragmática y en esta revista con nombre de fuego (fahrenheit 451): pero no podemos dejarle a los hombres y mujeres del porvenir toda la responsabilidad de soñar su necesario y legítimo regreso, sin siquiera preocuparnos por convocar en este comienzo de milenio el retorno de su fulgor herético. Deberíamos intentar desde estas páginas un secreto brindis por aquellos que todavía imaginan que Eros puede entregarse a Psiquis con la certeza de que ella no intentará de nuevo profanar sus enigmas. Quizá debamos hablar de “lujuria espiritual” como creía San Juan de la Cruz, pues sólo el amor puede arrebatarle territorios a la muerte.
Correspondências entre poesia e ação
Gonzalo Márquez Cristo:
Entrevista conduzida por Floriano Martins
FM - De todos os poetas de tua geração, em ti encontro o melhor exemplo de uma poesia que se propõe um salto no abismo, ou seja, uma poesia que não é só um embate com as palavras e os conceitos arrolados à sua volta, mas antes, bem antes, uma poesia que busca uma nova fonte de vertigem, uma poesia do assombro diante da existência humana. De onde vem essa fonte de abismos?
GMC - Assim como Zarathustra é um perseguidor de ápices, à minha poesia, como à de vários autores deste século, há restado a opção, talvez mais humana - para dizê-lo com palavras de Octavio Paz -, de dançar sobre o abismo, de nos entregarmos à sua vertigem fundadora, à sua intensa experiência onde cresce o olhar. Todos os atos importantes do homem passam pelo túnel do medo (refiro-me ao amor, ao misticismo, à arte e a todas as duas buscas utópicas), e penso como Perse, que assim como a ciência busca no dia, o poeta é quem indaga na noite, nessa insaciável fonte de sombras, de temores. Creio que por trás de toda experiência dos limites sempre espreita a morte, que nos define, que conhece nosso rosto verdadeiro, que nos põe na boca uma palavra, um nome - se temos sorte -, que nos resume, que nos explica. Sobra dizer que minha condição de colombiano acrescenta a violência ao meu olhar, porque nesta convivência tão estreita com o horror poderíamos dizer, com René Char - cito de memória -: quando a morte é mais violenta a vida está melhor definida. E querer responder a pergunta da morte, tentar atualizar as interrogações primogênitas, essenciais do ser humana, talvez seja, às vezes, vislumbrar entre tremores, fazer um brinde ao medo, assistir à festa do abismo…
FM - Toda poesia é sumo de inquietudes e afinidades. Em teu caso, percebo um particular interesse por poetas como René Char e Roberto Juarroz. Não propriamente pelo tratamento da linguagem, mas antes por aquela correspondência entre poesia e ação formulada por ambos. O que percebes ser a poesia que escreves?
GMC - O escritor chileno José Donoso, durante sua efêmera passagem por Bogotá, há quinze anos, sentenciou: querer ser original é querer ser medíocre. Isto, desde já, é um tributo à tradição, à literatura com seus grandes mestres e às afinidades e coincidências que temos com nossos queridos antecessores. Tem sido dito que a literatura parte mais da literatura do que da experiência pessoal do escritor, e que a maioria dos livros falidos o são porque seu autor não soube abolir as referências com sua própria realidade, não conseguiu realizar o distanciamento com sua experiência interior. Tem sido dito que se um personagem fala como uma pessoa real não teria eficácia e que o exercício da literatura é como aprender outro idioma e isto parece claro quando se lê Mallarmé ou Valéry, e a poetas intertextuais como Eliot e Pound, onde são mais importantes as referências às literaturas anteriores e o ensamblaje que realizam a partir dali do que o que eles próprios vieram a dizer. No entanto, tu falas especificamente de René Char e Roberto Juarroz, que são dois poetas que sempre me deslumbraram. Em ambos encontro a palavra poética convertida em um signo agudo, em indagação filosófica, em reflexão, em riqueza prismática, em agregado ao pensamento do homem. Talvez Char seja um poeta que provém mais da imagem e da riqueza do ambíguo, enquanto que Juarroz seja mais da transparência da idéia, de seu fascinante jogo poético; mas ambos acreditaram na correspondência entre poesia e ação, como o fez Rimbaud . Quando a poesia se aventura ao fulgor da imagem primitiva, a essa indissolúvel identidade que existia para o homem primitivo entre palavra e objeto, e assim pretende cativar as perguntas essenciais do homem que, segundo parece, nunca possuem resposta, torna-se profecia, horizonte, bússola interior… Creio em uma poesia das profundidades, do ser, do tempo, que tente traduzir a morte… E quanto à tua pergunta sobre o que percebo ser minha poesia, suspeito que estou demasiado envolvido para responder e, para te dizer com eficácia, primeiro teria que me submeter à abolição do eu que promulgava Buda, o Iluminado, e começar por compreender um mundo com seis pontos cardeais: norte, sul, leste, oeste, acima e abaixo, para então poder realizar a dissolução de minha identidade. E é certo, enquanto no Ocidente falemos de quatro pontos cardeais, só poderemos chegar com certeza à Disneylandia, mas nunca ao Nirvana, ao silêncio, à liberdade ou ao amor.
FM - Como se explica a ponte entre Apocalipsis de la rosa (1990) e El tempestario y otros relatos (1998), uma vez que a narrativa predomina sobre este último, o que não acontecia com o intermediário Ritual de títeres (1992), que melhor se definiria como poemas em prosa?
GMC - Em Apocalipsis de la rosa, editado pela primeira vez há quase onze anos, submergi no bachelardiano tempo vertical do poema, em sua incessante e múltipla fonte de assombros, e creio que este espaço literário é verdadeiramente meu elemento. Ritual de títeres, meu segundo livro, é uma experimentação anti-narrativa, na qual cada vez que se assume um capítulo o acontecimento já ocorreu e resta apenas a sensação e a reflexão. É uma sistemática indagação na imagem poética e na idéia, e jamais, em suas duzentas páginas, se tem a intenção de narrar ou descrever e, como tu mesmo já o disseste, poderia ser realmente um poema romanceado. É a negação do personagem para impor a supremacia do achado poético e filosófico. E por último, El tempestario y otros relatos, é uma exploração decididamente mais narrativa, mas talvez se pareça mais com o espaço do fotográfico ou do pictórico, e todos os seus argumentos, muitas vezes dentro do universo do fantástico, estão habitados por silêncios, matizes, sonhos, imagens e reflexões que fluem de meu mais vívido espaço poético. E, para ser mais explícito, embora todas as ficções de El tempestario habitem o tempo horizontal inerente à narração, estão pervertidas, desviadas, subjugadas por uma escritura proveniente da poesia. De qualquer forma, creio que escrever - sem importar o gênero literário escolhido -, conto, novela, ensaio…, é a mais estranha forma da solidão, da ausência, e a mais inútil tentativa de conhecer a morte, e isso condiciona toda a minha literatura.
FM - Há um verso em Apocalipsis de la rosa (1990) que destaco: “el regreso / es apenas el sueño de los ríos”. O que tem essa afirmação de contrastante com tua busca de registro de vozes poéticas essenciais à compreensão de nosso tempo [refiro-me às tuas entrevistas]?
GMC - O regresso é a comprovação de que o devir é incessante e que a não-presença pode delatar, em uma cidade ou em um rosto, alguns signos alterados… E desta forma a única opção de continuar no espaço de nossos amigos ou de nossos amores é convertendo-nos todos em Heráclitos capazes de nadar ao mesmo ritmo da corrente. É permanecer na mesma água pela força de correr em idêntica velocidade Quanto à minha obstinada busca por entrevistar autores capazes de nos mostrar com suas reflexões o tempo em que fraquejamos, experiência que é mais uma viagem do que um retorno, talvez sendo uma cumplicidade interior de nosso extravio, eu a entendo como uma homenagem a todos aqueles que forjaram nossa geografia sensível, que acreditaram que a linguagem ainda consegue nos tornar livres e que a palavra pode nos guiar como a lâmpada de Diógenes a uma voz que às vezes pode nos salvar.
FM - Quero que me fales dessa aventura das viagens em busca de entrevistas. Tenho entrevistado através de cartas e prefiro o distanciamento justamente por permitir um aprofundamento de idéias. No entanto, tens realizado algumas entrevistas (Octavio Paz , Juan García Ponce, Cioran, Salvador Elizondo, Carlos Fuentes, Oswaldo Guayasamín…), que não se dariam de outra maneira se não estivesses ali.
GMC - Meu encontro com Cioran, em Paris, é uma experiência essencial em minha vida. Depois de haver recebido uma carta - diante de minha perplexidade -, onde o consagrado filósofo romeno enviava um texto inédito para o projeto de nossa revista, estar em sua água-furtada da rue de l’Odeón, excedia minhas expectativas. Esta criança escatológica, este insubornável espírito irônico, este teólogo da desesperação, resultou ser um homem de luz, habitado por uma incorruptível felicidade, e por uma ternura e uma lúdica embriagadora. Durante quase duas horas rimos de sua obstinada decisão de caluniar o universo. Esta entrevista essencial que foi publicada em quatro países e em três idiomas se intitula: «Adeus e muita ironia».
Octavio Paz, por uma estranha artimanha do acaso, nos recebeu em seu apartamento da Reforma, na capital mexicana, dois dias antes de completar seus oitenta anos. E este homem, com sua cabeça de totem pré-colombiano, desdobrou sua incansável lucidez falando do tempo, da poesia, da necessidade de legalizar a droga, e nos mostrou sua diligente imaginação e capacidade reflexiva para debater sobre os problemas do pensamento e fazer frente a esse equívoco que se denominou história.
Juan García Ponce, o grande romancista mexicano, vítima de uma paralisia degenerativa que, em outubro de 1993 –no momento da entrevista– já lhe estava ganhando a língua, nos manteve suspensos durante mais de uma hora na qual festejamos seu tema preferido: o erotismo. Salvador Elizondo, debaixo de uma árvore em sua casa em Coyoacán, no México, lamentou que já não proibissem os livros para lê-los com maior avidez e nos mostrou, em um aquário, esses peixes quase míticos chamados ajolotes, que o próprio Julio Cortázar havia incluído em um de seus mais famosos relatos. Oswaldo Guayasamín, em seu estúdio de Quito, quando íamos fotografá-lo retirava da mesa as carteiras de cigarros dizendo que não queria aparecer retratado ao lado da única coisa que devia aos gringos: seu ruivo tabaco… Bem, penso em Juarroz, em Olga Orozco, em Roger Munier, no grande poeta português Antonio Ramos Rosa, nos venezuelanos: Eugenio Montejo , Silva Estrada e no pintor Jacobo Borges, e em outros extraordinários artistas que entrevistamos para nossa revista Común Presencia, e que nos deram a certeza de nosso universal, incorrigível e lúcido equívoco.
FM - Na verdade, ao propiciar um encontro, não fazemos senão afirmar nossa confiança no assombro, na surpresa. Em meu caso, tenho feito entrevistas quase sempre em função de sua publicação conjunta, idealizando um livro como mesa de encontro entre vários poetas. O que buscas essencialmente ao entrevistar um poeta?
GMC - Embora as entrevista tenham sido publicadas primeiramente em nossa revista Común Presencia, ou em outras revistas latino-americanas, perseguindo convencer o anônimo leitor de aproximar-se de uma determinada voz, ou rendendo homenagem a um poeta que nos aumenta, confesso que padeço de tua mesma idealização de poder compilá-las posteriormente em um livro que, sem dúvida, postularia o encontro de visões diversas e de pensamentos coincidentes ou complementares sobre o tempo e a palavra que nos tem tocado viver. E, para completa a resposta, ao entrevistar um poeta busco compartilhar meu silêncio, fazer-me cúmplice de seus questionamentos, participar da ceia de seus sonhos, da devoração de seus fantasmas.
FM - Desde 1988 editas a revista Común presencia, ao lado da poeta Amparo Osorio. Suponho que em tuas viagens tenhas estabelecido alguns encontros com outros editores de revistas. Em que circunstância surgiu Común presencia em Bogotá, e quais suas relações possíveis com outras publicações na América Latina?
GMC - Como qualquer revista de seu caráter, Común Presencia é uma ilha onde sempre devemos chegar os náufragos. Há dez anos apareceu pela primeira vez e, apesar de épocas em que não é possível editá-la, persistimos ainda em manter aberta esta janela essencial, espaço que nos parece agora mais urgente que no momento de sua fundação. Quando as Leituras literárias dos jornais hispano-americanos estão tomados por orientações excludentes ou frívolas, e quando vivemos o reino da cultura light, uma revista de criação que busca zonas abissais, que tenta manter incandescentes as pequenas zonas do pensamento e da imaginação que o capitalismo em sua voracidade não conseguiu reduzir ou assimilar, nos parece uma aventura inobjetável.
FM - O que tem garantido a permanência de Común Presencia durante toda uma década?
GMC - Creio que o medo que nunca diminui… Que - como Sherazade - somente sabemos combatê-lo com palavras. E a infantil crença de que enquanto existe a revista, aqueles que a urdimos e os que a lêem com paixão teremos lugar para o assombro e a esperança.
Fotografía del autor: Carlos Duque